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Rúben Darío

Rubén Darío

 “A saludar me ofrezco y a celebrar me obligo
tu triunfo, Amor, al beso de la estación que llega…”

 

Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, fue un poeta nicaragüense, iniciador y máximo representante del Modernismo literario en lengua española.
Aunque el primer apellido de Rubén era García, la familia paterna era conocida desde generaciones por el apellido Darío.
Lector precoz, pronto empezó también a escribir sus primeros versos. Poseía una superdotada memoria, gozaba de una creatividad y retentiva genial, y era invitado con frecuencia a recitar poesía en reuniones sociales y actos públicos.
En 1881 en la capital de Nicaragua se enamoró de una muchacha de once años, Rosario Murillo, con la que incluso proyectó casarse.
Partió a Chile en1886. Allí publica Azul, libro clave de la recién iniciada revolución literaria modernista.
En San Salvador contrajo matrimonio civil con Rafaela Contreras, hija de un famoso orador hondureño, Álvaro Contreras, el 21 de junio de 1890.  Su esposa fallece en 1893. A comienzos de ese año, Rubén permaneció en Managua, donde renovó sus amoríos con Rosario Murillo, cuya familia le obligó a contraer matrimonio con la joven.
Viajó a Argentina, EEUU y Francia. En la capital francesa, conoció a Jean Moréas y tuvo un encuentro con su admirado Paul Verlaine (posiblemente el poeta francés que más influyó en su obra).
En la capital argentina llevó una vida de desenfreno, siempre al borde de sus posibilidades económicas, y sus excesos con el alcohol fueron causa de que tuviera que recibir cuidados médicos en varias ocasiones.
En 1896 publica dos libros cruciales Los raros y  Prosas profanas y otros poemas, éste último supuso la consagración definitiva del Modernismo literario en español.
En España, Darío despertó la admiración de un grupo de jóvenes como Juan Ramón Jiménez, Ramón María del Valle-Inclán y Jacinto Benavente y Francisco Villaespesa. Además su influencia se hizo notar en la Generación del 98.
En 1899, Rubén Darío conoció a Francisca Sánchez del Pozo, campesina analfabeta, que se convertiría en la compañera de sus últimos años.
Al trasladarse nuevamente a París, su alcoholismo le causaba frecuentes problemas de salud, y crisis psicológicas. Llegó a León, la ciudad de su infancia, el 7 de enero de 1916 y falleció menos de un mes después, el 6 de febrero. Las honras fúnebres duraron varios días.

Obras

En verso

  • Rimas (1887)
  • Abrojos(1887)
  • Azul (1888). Prosa y verso.
  • Prosas profanas (1896)
  • Cantos de vida y esperanza (1905)
  • El canto errante (1907)
  • Poema del otoño y otros poemas (1910)
  • Canto a la Argentina (1914)

En prosa

  • Los raros (1916). Comentario acerca de Víctor Hugo, Baudelaire, Poe, Verlaine, Whitman, etc.
  • Peregrinaciones (1901)
  • La caravana pasa (1902)
  • Tierras solares (1904)

AZUL

Fue su primera obra importante. Publicada en Valparaíso, en 1888, está constituida por relatos breves y algunos poemas. Esta obra fue editada por Pedro Balmaceda, hijo del Presidente de la República de Chile. Significó para su autor el reconocimiento en América y en España. Sus rasgos son: sensualidad, erotismo y musicalidad. En los sonetos que cierran la obra, Darío revela sus preferencias y su cosmopolitismo. 
La primera edición de Azul consta de 7 poemas:
Primaveral, Estival (época más calurosa del año), Autumnal (otoñal), Invernal, Pensamiento de Otoño, Ananke. Además Azul consta de 18 cuentos.

ANANKE (Fragmento)

Y dijo la paloma:
-Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,
en el árbol en flor, junto a la poma
llena de miel, junto al retoño suave
y húmedo por las gotas del rocío,
tengo mi hogar. Y vuelo,
con mis anhelos de ave,
del amado árbol mío
hasta el bosque lejano,
cuando, al himno jocundo
del despertar de Oriente,
sale el alba desnuda y muestra al mundo
el pudor de la luz sobre su frente.
Mi ala es blanca y sedosa;
la luz la dora y baña
y céfiro la peina.

Son mis pies como pétalos de rosa.
Yo soy la dulce reina
que arrulla a su palomo en la montaña.
En el fondo del bosque pintoresco
está el alerce en que formé mi nido;
y tengo allí, bajo el follaje fresco,
un polluelo sin par, recién nacido.
Soy la promesa alada,
el juramento vivo;
soy quien lleva el recuerdo de la amada
para el enamorado pensativo;
yo soy la mensajera
de los tristes y ardientes soñadores,
que va a revolotear diciendo amores
junto a una perfumada cabellera.
Soy el lirio del viento.

PROSAS PROFANAS

Libro más maduro que Azul. Aunque lleve como título Prosas profanas, no hay ni un solo poema en prosa (salvo El país del sol). Al respecto dice Oviedo:

“La intención detrás del título era la de señalar una doble y escandalosa negación del establishment literario: supone usar la palabra prosas en su aceptación arcaica -así la emplea Berceo- de composición de carácter religioso para ser cantada en la misa, pero contradicha por profanas. Así, el sustantivo equivaldría a liturgia o ceremonia, y el adjetivo apuntaría al aspecto sensual, erótico y carnal que domina en la obra: un nuevo ritual de los sentidos” (1).

El tema objetivo de este libro es el placer y la belleza. Hay una divinización del impulso erótico. Darío despliega estímulos para la vista, el oído, el olfato, el tacto y para el gusto. El libro es la poética de los sentidos. Para el poeta el placer es una forma suprema del arte que escapa de lo cotidiano. El ensueño y la fantasía son energías liberadoras de la pesadumbre del vivir concreto. Mujeres, festines, ardor sensual, parajes maravillosos, exotismo, etc. El libro es un culto exacerbado por el arte puro. Su arte es cosmopolita, aristocrático, fantasioso, epicúreo y paganizante.
La mujer es el eje de la belleza, Darío habla del «eterno femenino» y exalta el cuerpo de la mujer.
La mitología también está presente: Pan, Apolo, el Centauro, el Fauno, el Sátiro.
También hay animales emblemáticos de la condición aristocrática del artista: el cisne, el pavo real, el faisán, el ruiseñor.

Sonatina

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa? 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, 
que ha perdido la risa, que ha perdido el color. 
La princesa está pálida en su silla de oro, 
está mudo el teclado de su clave sonoro 
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. 

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. 
Parlanchina, la dueña, dice cosas banales, 
y vestido de rojo, piruetea el bufón. 
La princesa no ríe, la princesa no siente; 
la princesa persigue por el cielo de Oriente 
la libélula vaga de una vaga ilusión. 

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, 
o en el que ha detenido su carroza argentina 
para ver de sus ojos la dulzura de luz, 
o en el rey de las islas de las rosas fragantes, 
o en el que es soberano de los claros diamantes, 
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? 

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa 
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, 
tener alas ligeras, bajo el cielo volar; 
ir al sol por la escala luminosa de un rayo, 
saludar a los lirios con los versos de mayo, 
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
 
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, 
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, 
ni los cisnes unánimes en el lago de azur. 
Y están tristes las flores por la flor de la corte; 
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, 
de Occidente las dalias y las rosas del Sur. 

¡Pobrecita princesa de los ojos azules! 
¡Está presa en sus oros, está presa en sus tules, 
en la jaula de mármol del palacio real; 
el palacio soberbio que vigilan los guardas, 
que custodian cien negros con sus cien alabardas, 
un lebrel que no duerme y un dragón colosal! 

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! 
(La princesa está triste, la princesa está pálida.) 
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! 
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe 
(la princesa está pálida, la princesa está triste) 
más brillante que el alba, más hermoso que Abril! 

-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-, 
en caballo con alas hacia acá se encamina, 
en el cinto la espada y en la mano el azor, 
el feliz caballero que te adora sin verte, 
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, 
a encenderte los labios con su beso de amor! 

Aquí se encuentra el poema Sonatina en audio: Sonatina

 CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

En este libro Darío se centra en su mundo interior de manera reflexiva; atrás quedan las princesas y los deseos carnales. Aunque todavía hay resabios modernistas, el poeta centra su atención al hombre, sus problemas y su vida diaria. Darío, representante máximo del modernismo, que desarrolló una poesía sensual y artificiosa, desarrolló también poesía postmodernista con Cantos de vida y esperanza. Ahora su sensibilidad está impresionada por un mundo en cambio.
En el libro hay poemas al dolor, al drama de existir, en el fondo de cada placer anida el dolor.  Una profunda y reveladora confesión personal recorre el libro y tiene un sabor de inquietud existencial. Hay una profunda reflexión sobre el propio vivir. Además el tema de la muerte parece agobiarlo (por ejemplo, en el poema Lo fatal).
Los más destacados poemas del libros son:

  • Salutación del optimista
  • Al rey Óscar
  • Los tres reyes magos
  • Cyrano en España
  • Salutación a Leonardo
  • Pegaso
  • A Roosvelt
  • Canto de esperanza
  • Helios
  • Marcha triunfal
  • Los cisnes (dedicado a J. R. Jiménez)
  • En la muerte de Rafael Núñez
  • Canción de otoño en primavera

Lo fatal

A René Pérez.

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos, 
y la carne que tienta con sus frescos racimos
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, 
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos…!

Canción de otoño en primavera

¡Juventud, divino tesoro, 
ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro, 
y a veces lloro sin querer… 

Plural ha sido la celeste 
historia de mi corazón. 
Era una dulce niña en este 
mundo de duelo y aflicción. 

Miraba como el alba pura, 
sonreía como una flor. 
Era su cabellera oscura, 
hecha de noche y de dolor. 

Yo era tímido como un niño; 
ella, naturalmente, fue 
para mi amor hecho de armiño, 
Herodías y Salome… 

¡Juventud, divino tesoro 
ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro, 
y a veces lloro sin querer.

La otra fue más sensitiva, 
y más consoladora y más 
halagadora y expresiva, 
cual no pensé encontrar jamás. 

Pues a su continua ternura 
una pasión violenta unía. 
En un peplo de gasa pura 
una bacante se envolvía… 

En sus brazos tomó mi ensueño 
y lo arrulló como a un bebé… 
Y le mató, triste y pequeño, 
falto de luz, falto de fe… 

Juventud divino tesoro
te vas para no volver
Cuando quiero llorar, no lloro, 
y a veces lloro sin querer… 

Otra juzgó que era mi boca 
el estuche de su pasión; 
y que me roería, loca, 
con sus dientes el corazón, 

poniendo en un amor de exceso 
la mira de su voluntad, 
mientras eran abrazo y beso 
síntesis de la eternidad; 

y de nuestra carne ligera 
imaginar siempre un Edén, 
sin pensar que la Primavera 
y la carne acaban también… 

¡Juventud, divino tesoro, 
ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro, 
y a veces lloro sin querer… 

¡Y las demás! En tantos climas, 
en tantas tierras, siempre son, 
si no pretextos de mis rimas, 
fantasmas de mi corazón. 

En vano busqué a la princesa 
que estaba triste de esperar. 
La vida es dura. Amarga y pesa. 
¡Ya no hay princesa que cantar! 

Mas, a pesar del tiempo terco, 
mi sed de amor no tiene fin; 
con el cabello gris me acerco 
a los rosales del jardín… 

¡Juventud, divino tesoro, 
ya te vas para no volver! 
Cuando quiero llorar, no lloro, 
y a veces lloro sin querer… 

¡Mas es mía el Alba de oro! 

Click aquí para acceder al poema Los motivos del lobo:

Amigos sobre este autor les recomiendo visitar: http://www.dariana.com

__________________________

(1) OVIEDO, José Miguel. Historia de la literatura hispanoamericana. Pág. 296.

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