Juglarmoderno’s Blog


Indigenismo

INDIGENISMO

(Indígena, de José Sabogal)

Referencias

El indigenismo constituyó un vasto movimiento intelectual, artístico y político de reivindicación social del mundo indígena que se desarrolló vigorosamente desde principios del siglo XX y tuvo amplia vigencia hasta después de mediados de dicho siglo (años 60). El indigenismo se constituyó en una forma de pensamiento cultural y artístico que se propuso representar y resaltar la realidad social, política, económica y cultural de los pueblos originarios en América Latina. Tuvo gran influencia, principalmente en la región andina, aunque también en Centroamérica y México, y ocupó un lugar protagónico en la escena pública particularmente desde los años 20aunque sus primeras  manifestaciones se puedan rastrear a finales del siglo anterior.

Indianismo e indigenismo

El denominado indianismo fue una temprana forma de manifestación de la temática indígena en la literatura y la pintura, asociada, sin embargo, a formas de representación que, desde cierto ángulo paternalista y exógeno, establecía un retrato folklórico, exótico o idílico del mundo indígena.
Estas formas de representación de la realidad eran, por un lado, deudoras de modelos estéticos occidentales, cuya sensibilidad, bien sea ésta romántica, modernista o realista tendía a imaginar o idealizar el  mundo representado, y así el habitante indígena y su cultura eran más una idea que una realidad concreta. Por otro lado, se sustentaba en una aproximación a la realidad llevada a cabo con esquemas mentales preestablecidos que involucraban una serie de prejuicios.
Ya en los años 20 del siglo XX, en su célebre 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), José Carlos Mariátegui planteó que el indigenismo propiamente tal supone un movimiento de reivindicación y un abierto compromiso con las luchas contra la explotación social, política, económica y cultural de las que son objeto los indígenas de las diferentes regiones americanas.
La línea divisoria entre el indianismo y el indigenismo resulta en ocasiones difícil de trazar.  Así, críticos como Jean Franco o Antonio Cornejo Polar proponen que Aves sin nido, novela publicada en 1889, de Clorinda Matto de Turner, es una obra  precursora de la novela indigenista. Otros, sin embargo, manifiestan que la novela es indianista.
Si bien es cierto que en la obra de Matto de Turner, bajo una estética realista, ya aparece la problemática de reivindicación social, es recién en la obras de Icaza y de López Albujar donde aparece el indio “de carne y hueso”, es decir un sujeto con dimensión psicológica y emocional, cercano al habitante andino contemporáneo. Entonces, es a partir de estos años que se va a ir produciendo una cada vez mayor aproximación al contexto material y simbólico de los pueblos originarios. No obstante, la obra de estos dos últimos autores, no constituiría estrictamente una literatura indigenista ya que se trata de la presentación de sujetos casi estáticos.
Es recién con la obra de Icaza y de Alegría que estamos plenamente en el campo del indigenismo. Sus obras, por lo demás, marcan el paso de cómo lo que se ha llamado “indigenismo desde afuera” llega a convertirse en el “indigenismo desde adentro”; esto es aquella literatura que se propone desde una comprensión profunda e íntima de la cultura andina y del sujeto histórico que la produce.
En este contexto, la producción literaria del José María Arguedas (1911-1969), con obras narrativas tales como Yawar Fiesta (1941), Los ríos profundos (1958) o El zorro de arriba y el zorro de abajo (libro publicado póstumamente en 1971), constituye un hito fundamental. Arguedas pasó su infancia bajo el cuidado de hablantes quechuas, por lo que el quechua fue su lengua materna. Esto lo condujo a desarrollar una narrativa peculiar que romperá la lógica representacional del indianismo y el indigenismo previos, pues, al representar los universos indígenas de los Andes desde adentro, atestiguará la complejidad y la heterogeneidad interna de estos pueblos, como también la de la propia sociedad peruana en su conjunto. De allí también el contraste y la mezcla constante de ámbitos lingüísticos, económicos, sociales y culturales, sujetos a desencuentros y contradicciones a todo nivel.
Para uno de los críticos y estudiosos más influyentes del indigenismo y el neo-indigenismo como Antonio Cornejo Polar, el universo narrativo de J. M. Arguedas, al igual que las producciones culturales no escritas de las comunidades indígenas andinas, dan cuenta del dilema de las identidades y de sociedades caracterizadas por la heterogenidad cultural: “la heterogeneidad cultural contradictoria” de la que habla el autor que, en ocasiones, enfrenta a los pueblos, supone dilemas de orden social, político, étnico y cultural, y constituye el origen de lo que él llama, “armonía imposible.”   
Es por todo ello, es decir por la representación de esa complejidad cultural y de la “armonía imposible”, pero sobre todo porque Arguedas no entiende aquel mundo sin la dimensiones no racionales del universo mítico, que su realismo mítico y mágico constituye un paso más allá del indigenismo.
Resumiendo: La controversia radica en el valor otorgado por la crítica al indianismo o indigenismo de una obra literaria. Se define como Indianista a la literatura que ubica al indio dentro de un marco puramente decorativo. El indigenismo, en cambio, lo inscribe en un contexto de reivindicación social.

El neoindigenismo 

El neoindigenismo, en cambio, de acuerdo con cierta crítica, constituiría un intento de vincular la cuestión del indígena con cierto pensamiento de carácter más autoreflexivo, sobre todo de las tensiones que implican representar el mundo indígena y al mismo tiempo lidiar con las contradicciones propias de las modernidades y modernizaciones que conforman el Occidente periférico (contradicciones que experimentaron las sociedades latinoamericanas durante buena parte del período de formación de las repúblicas en el siglo XIX, y durante los intentos de modernización durante el siglo XX). 
Esta corriente se caracterizaría, principalmente, por alejarse radicalmente de la estética realista que informa al indigenismo. Muchas veces se trata de una narrativa con un fuerte componente lírico o mítico como fue señalado a propósito de Arguedas. Por ello, y a pesar de que este autor tiene una clara pretensión de “reflejar la realidad,” se ha señalado que su obra es el punto de partida de esta corriente; aunque por otro lado se puede decir que se trataría del mejor representante de todo el indigenismo. En términos literarios se pueden mencionar además, los aportes de Miguel Angel Asturias de Guatemala, Rosario Castellanos de México y Manuel Scorza de Perú.

Antonio Cornejo Polar manifiesta lo siguiente: “Muy marcado por el signo romántico, el indigenismo inicial alternó una visión pasadista, aveces ingenuamente utópica al proponer algo así como una restauración del Incario, con un desencanto creciente, desesperanzado en grado extremo, en relación al estado actual de la raza indígena. Ambas posiciones implicaron la cancelación del futuro y el entrabamiento del desarrollo de una conciencia histórica suficiente. Un texto de Clorinda Matto de Turner esclarece bien este aspecto:

¡Ah! Plegue a Dios que algún día, ejercitando su bondad, decrete la extinción de la raza indígena, que después de haber ostentado la grandeza imperial, bebe el lodo del oprobio. ¡Plegue a Dios la extinción, ya que no es posible que recupere su dignidad, ni ejercite sus derechos!.

Esta incapacidad para imaginar el futuro del pueblo indio, incapacidad que se extiende mucho más allá del límite romántico, tiene relación más tarde con lo que pudiera denominarse la estrategia del mensaje del indigenismo. Dentro de este orden de cosas es interesante observar que el indigenismo procesó su juicio contra el gamonalismo a través de la imagen del indio abatido y degradado. Mientras más humillado, indefenso y miserable aparecía el indio, tanto mayor era la culpa de quienes lo habían sometido a esa deplorable situación y tanta más fuerte, al mismo tiempo, la indignación que podía suscitarse en los lectores. Por esta vía y sin proponerselo, el indigenismo puso en circulación una imagen degradante del indio, siempre vejado y siempre pasivo, que negaba más o menos explícitamente toda opción real de cambio (…) Es claro que este modo de percibir el problema indígena implica también una negación de la historia”(1).

 Los modernistas tomaban al indio como tema de sus obras, pero lo describían de manera exótica y artificial.
Al respecto dice Mario Vargas Llosa: “En realidad, ninguno de los modernistas ve en el indio otra cosa que un tema de composición literaria. Todos ellos pertenecen a la burguesía de la costa y en el Perú las clases sociales están separadas desde la Colonia por un sistema de compartimientos estancos: un limeño de clase media puede pasarse la vida sin ver a un indio. Los modernistas conocían la realidad andina de oídas, en el mejor de los casos tenían de ella una visión exterior, turística. El indio les era esencialmente extraño y nada en sus escritos nos asegura que lo consideraran un semejante. Lo que los llevó a utilizarlo como motivo literario, fue justamente la diferencia que veían entre ellos y ese hombre de piel de otro color, de lengua y costumbres distintas. Nada tiene de raro, pues, que el testimonio modernista sobre el indio fuera falso y caricatural.
¿Cómo hubiera podido ser de otro modo? Un escritor responsable escribe a partir de una experiencia y los modernistas no tenían la menor experiencia de lo indígena. Tampoco hablaban de los indios movidos por un sentimiento de solidaridad, sino por amor a lo raro, por snobismo. Su actitud profunda hacia lo indígena era la curiosidad y el desdén (…)
La falsificación de los temas andinos por la literatura modernista originó una reacción radical; en términos dialécticos, diríamos que provocó una antítesis. Contribuyó a ello la Revolución Mexicana, al propagar por todo el continente un afán de reivindicación de los valores autóctonos. Seducidos por el ejemplo de los muralistas mexicanos, José Sabogal inicia en el Perú un movimiento plástico inspirado en el paisaje y el hombre de los Andes. En el crepúsculo del modernismo, de sus ruinas, surge un grupo de escritores y poetas que se proponen elaborar una literatura indígena”(2).

___________________________

(1) Antonio Cornejo Polar. Ob. Cit. Págs. 60 – 61..

(2) En Nueva novela latinoamericana 1. Compilación de Jorge Lafforgue. Edit. Paidós. Buenos Aires, 1969. Pág. 31-31.

Anuncios

5 comentarios so far
Deja un comentario

asu profe k xevere su pagina es super util para
todos

y tambien es xevere su clase
PITAGORAS
301sanA

Comentario por rosario romero

Chevre la informacion profe….Usted Siempre preciso en los detalles de la inform…

profe ponga temas que puedan venir en la callao profe
Chevre…

Comentario por Jose teniente

prof este xevere su blog lastima que ya no nos enseña no es justo pz ud enseñabien

Comentario por miriam

exacto lo q busacaba

Comentario por juan luis

profesor un saludo para usted agradecido por este trabajo suyo q me ayudo mucho ya termino el primer año y sigo leendo su pagina

Comentario por rojas




Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: