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Ernest Hemingway

ERNEST HEMINGWAY

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Nació en 1899 en Oak Park, un barrio residencial de Chicago. Su familia solía pasar las vacaciones en Michigan, cerca de una reserva de indios. El pequeño Ernest acompañaba con frecuencia a su padre en las visitas que hacía, como médico, a los indios. Esas experiencias, unidas a las de la caza y la pesca con las gentes del bosque, le permitieron introducirse en el núcleo de la vida humana, con sus gozos y sus penas, sus días luminosos y sus jornadas sombrías. Todo ello toma cuerpo en las narraciones tituladas In our time (En nuestro tiempo), publicadas en 1927.
En 1917, Hemingway comienza su actividad de periodista en el Star de Kansas City. Al año siguiente colabora voluntariamente, como conductor de ambulancia, en el frente italiano de la Guerra Mundial y es herido gravemente.
En 1919 regresa a América y comienza a colaborar en el Star Weekly de Toronto. En 1921 contrae matrimonio y vuelve a Europa como corresponsal. Ello le permite entrar en contacto con Gertrude Stein, Ezra Pound y James Joyce.

En 1922 cubre la guerra greco-turca. Posteriormente, se introduce en el mundo de las corridas de toros, los safaris y la pesca submarina. Estas experiencias le sirven de motivo inspirador de varias obras.
Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) Hemingway visita España. Fruto de esta estancia apasionada es la excelente obra Por quién doblan las campanas, un relato extraordinariamente vigoroso de la brutalidad bélica y la pasión amorosa de Jordan y María.
Tras la guerra, Hemingway vive casi siempre en Cuba. En este país se desarrolla la acción de su última obra maestra: El viejo y el mar, 1952. Todo su conocimiento del mar y de la brava lucha del pescador con las fuerzas naturales se une en esta obra a su amor por la naturaleza y su sentido casi franciscano de la unión entre los seres vivientes para darnos una obra sencilla y profunda a la vez, tierna y hostil, esperanzada y descarnada como el esqueleto del gran pez que el viejo pescador capturó tras un larguísimo combate.
Dos accidentes de aviación, durante sus cacerías en África, mermaron considerablemente sus fuerzas. Y, aunque siguió durante unos años difundiendo su vieja imagen de hombre luchador, amante de la vida, desbordante de pasión y riesgo, el 2 de mayo de 1961 se quitó la vida en su residencia de Ketchum (Idaho).

Obras:

  • Fiesta (1926)
  • Adiós a las armas (1929)
  • Muerte en la tarde (1932)
  • Las nieves de Kilimanjaro (1936)
  • Tener y no tener (1937)
  • ¿Por quién doblan las campanas? (1940)
  • Del otro lado del río (1950)
  • El viejo y el mar (1952)
  • París, era una fiesta (1964)
  • La vida corta y feliz de Francis Macomber

El viejo y el mar

VIDEO EL VIEJO Y EL MAR

El viejo y el mar es una novela cuyo protagonista, Santiago, representa la perseverancia del hombre que lucha por alcanzar un ideal.

  • GÉNERO: Narrativo
  • ESPECIE: Novela breve
  • TIPO DE NARRADOR: Omnisciente y en tercera persona, dándonos a conocer los pensamientos y las reflexiones del pescador.
  • ESTILO: Periodístico, concisión.
  • TIEMPO CRONOLÓGICO: Lineal
  • TEMA PRINCIPAL: La perseverancia
  • TEMAS SECUNDARIOS: La solidaridad, la pobreza, el materialismo, la soledad.
  • PERSONAJES:
    • Santiago: Se trata de un hombre anciano, pero fuerte y vivaz, lleno de fe en la vida, de esperanza y humildad. Todo en él era viejo, excepto sus ojos. Partía de la convicción de que «el hombre no está hecho para la derrota»; «un hombre puede ser destruido pero no derrotado». En los momentos más duros de su lucha con el pez se da ánimo a sí mismo con objeto de no desfallecer.
    • Manolín. Amigo y aprendiz de Santiago. Manifiesta entrañable afecto al anciano: llora abiertamente, lo cuida, pide que no le molesten, intenta animarlo, proponiéndole trabajar juntos en adelante, le insta a curarse las manos y los pulmones… Este amor desinteresado y leal llena con creces el inmenso vacío interior de un viejo luchador que se ve abandonado por la suerte.
    • El pez espada. Arrastra por tres días y tres noches a Santiago. Representa la adversidad y a la naturaleza.
    • Los tiburones. Devoran al pez espada. Representan los obstáculos.
    • Los turistas
  • GALARDÓN QUE GANÓ LA NOVELA: Premio Pulitzer 1953.
  • ARGUMENTO:

Santiago es un viejo pescador de Gulf Stream. Le acompaña un joven muchacho, con quien el sentimiento de aprecio es mutuo, pero éste tuvo que dejarle por otros pescadores con más fortuna en sus pescas. Sin embargo, él le seguía ayudando.
Un día el viejo salió a la mar con el objetivo de terminar con su mala racha en la pesca. El muchacho le había conseguido cebo. Al cabo de unas horas de navegar, tras haber perdido de vista la costa, un pez picó el anzuelo. Era un pez enorme, dispuesto a luchar hasta la muerte, si era preciso. La barca navegó a capricho del pez mar adentro. Las fuerzas del viejo cada vez iban a menos y predecía que el pez le podía matar, pero tenía una fuerte determinación por conseguir sacarlo del agua, y no le importaba si tenía que dejar su vida en el intento.
Tras una larga y dura batalla, el pez tuvo la peor suerte, y el viejo, rebosante de felicidad, ya que no creía que el pez fuese tan inmenso, lo amarró al costado de la barca, para poner rumbo a la costa.”Era tan grande, que era como amarrar un bote mucho mas grande al costado del suyo”.

 “El viejo se sentía desfallecer y estaba mareado y no veía bien. Pero soltó el sedal del arpón y lo dejó correr lentamente entre sus manos en carne viva, y cuando pudo ver, vio que el pez estaba de espalda, con su plateado vientre hacia arriba. El mango del arpón se proyectaba en ángulo desde el hombro del pez y el mar se estaba tiñiendo de la sangre roja de su corazón. Primero era oscura como un bajío en el agua azul que tenía más de una milla de profundidad. Luego se distendió como una nube. El pez era plateado y estaba quieto y flotaba movido por las olas.”

Todo su empeño habría sido inútil si no consiguiese llevar el pez a tierra firme. Sin embargo, y para su desilusión, apareció un tiburón. Cuando el escualo se acercó a comer el pez, el viejo le asestó un mortal golpe en la cabeza con su arpón. Se había librado del tiburón, pero no tardarían en acercarse otros más siguiendo el rastro de la sangre desparramada del pez herido.
El viejo logró batirlos, pero se habían comido medio pez. Por la noche se le acercaron más, que acabaron con él, dejando solo la cabeza, la espina y la cola, suficientes para dar testimonio de la hazaña.
Así, llego por fin a puerto. Era de noche y no había nadie para ayudarle a recoger. Cuando terminó se fue a su casa a dormir. A la mañana siguiente el muchacho, muy preocupado, fue a su casa para ver cómo estaba y le prometió que saldría a pescar con él.

“Estaba dormido cuando el muchacho asomó a la puerta por la mañana. El viento soplaba tan fuerte, que los botes del alto no se harían a la mar y el muchacho había dormido hasta tarde. Luego vino a la choza del viejo como había hecho todas las mañanas. El muchacho vio que el viejo respiraba y luego vio sus manos y empezó a llorar. Salió muy calladamente a buscar un poco de café y no dejó de llorar en todo el camino.

Los demás pescadores reconocieron el mérito de Santiago, al ver los restos del pez. Uno de ellos dijo que era un tiburón.

“-¿Qué es eso?- preguntó la mujer al camarero, y señaló al largo espinazo del gran pez, que ahora no era más que basura esperando a que se llevara la marea.
-Tiburón dijo el camarero-. Un tiburón.
Quería explicarle lo que había sucedido.
-No sabía que los tiburones tuvieran colas tan hermosas, tan bellamente formadas.
-Ni yo tampoco dijo el hombre que la acompañaba.
Allá arriba, junto al camino, en su cabaña, el viejo dormía nuevamente. Todavía dormía de bruces y el muchacho estaba sentado a su lado contemplándolo. El viejo soñaba con los leones marinos.”

Comentario sobre la obra

 La obra presenta claridad y sencillez, pero esconde una alegoría: la del hombre que lucha constantemente sin importarle ser derrotado. El relato es una representación de la condición humana. Representa el desafío permanente que es la vida para los seres humanos y que, enfrentándose a estas pruebas con la valentía y la dignidad del pescador del relato, el hombre puede alcanzar una grandeza moral, una justificación para su existencia, aunque termine derrotado. Santiago, al regresar al pueblito de pescadores donde vive con el esqueleto inservible del pez devorado por los tiburones, exhausto y con sus manos ensangrentadas, nos parece alguien que, en la experiencia que tuvo, se agigantó moralmente y se superó a sí mismo.
Más de la mitad de la obra está consagrada al relato de la captura de un pez. El pescador moviliza su inteligencia, su astucia, su experiencia, su fuerza física y psíquica para sacar partido a las posibilidades que le ofrece el mar y ganarse su sustento.
En principio, el pescador aparece como un anciano que lucha por sobrevivir frente a la mala suerte. Lleva ochenta y cuatro días sin haber pescado nada. Se adentra en el mar temerariamente y entabla una lucha denodada con un pez gigantesco. Al fin, parece haber logrado una presa valiosa. La dureza de la lucha muestra que el viejo pescador tiene por lema en la vida no darse por vencido. Carece de provisiones y tiene que alimentarse de peces crudos para no desfallecer y proseguir el esfuerzo. Constantemente se insta a sí mismo a tomar alimento, pese a la náusea que le produce. Sufre calambres, las manos se le llagan, el cuerpo entero se le vuelve dolorido. Para cobrar ánimo, se desdobla y habla con sus manos y las insta a que se curen pronto para permitirle rematar la magnífica tarea que está realizando. De cuando en cuando se anima a sí mismo, se reprende, se aconseja. Todo con un fin bien preciso: no quedar derrotado.
Para Vargas Llosa la “historia es triste pero no pesimista; por el contrario, muestra que siempre hay esperanza, que, aun en las peores tribulaciones y reveses, la conducta de un hombre puede mudar la derrota en victoria y dar sentido a su vida. Santiago, al día siguiente de su retorno, es más respetable y digno de lo que era antes de zarpar, y eso es lo que hace llorar al niño Manolín, la admiración por el anciano inquebrantable, más todavía que el cariño y la piedad que siente por el hombre que le enseñó a pescar. Éste es el sentido de la famosa frase que Santiago se dice a sí mismo en medio del océano: “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado” (1).
Dice León Thooren: “Las obras de Hemingway, después de exaltar y fascinar, dejan en el recuerdo un regusto a ceniza, un vértigo de resaca, de fiesta absurda: se ha contemplado el mundo, el cielo, el mar y la montaña, los hombres y sus pasiones, pero sólo queda su esqueleto, como en la pesca de El viejo y el mar” (2).

Mayor información y estudio en el libro Literatura Universal.

S6300386

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____________________

(1) Vargas Llosa. La verdad de las mentiras. Ed. Alfaguara, 2002. Págs. 251-252.
(2) Thooren, León. Oc. Cit. p. 347.

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