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Generación del 27


JUGLAR MODERNO

En 1910 fue creado la Residencia de Estudiantes en Madrid, lugar que se convirtió en una especie de centro de peregrinación para intelectuales y artistas españoles y extranjeros. A ella estuvieron vinculados Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel, entre otros. Además pasaron por allí Unamuno, Valle-Inclán, Antonio y Manuel Machado, José Ortega y Gasset, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, entre otros españoles. Entre los extranjeros citemos a Louis Aragon, Marinetti, Chesterton, Valéry, Albert Einstein, Rabindranath Tagore, Herbert G. Wells, etc.
Otro hecho de singular interés fue la fundación de la Revista de Occidente por Ortega y Gasset en 1923. En ella se publicaron trabajos filosóficos, ensayísticos y poéticos.
Pero es el año de 1927 la que marcó de forma indeleble a todo el grupo de escritores que se unieron para rendir homenaje a Luis de Góngora y Argote con ocasión del tercer centenario de su muerte. Para ello se realizaron veladas literarias, conferencias y proyectos literarios destinados al estudio de la obra del poeta cordovés.
Agreguemos que al igual que el homenaje realizado a Góngora se realizaron otros homenajes. En 1935, se realiza el tercer centenario de la muerte de Lope de Vega y, en 1936, el cuarto centenario de la muerte de Garcilaso de la Vega. Aunque ninguno de ellos alcanzó la trascendencia con la que se celebró el de Góngora.

FEDERICO GARCÍA LORCA

BODAS DE SANGRE

  • Género: Dramático
  • Especie: Tragedia
  • Estructura: Tres actos y siete cuadros, que corresponden tres al primer acto y dos a casa uno de los restantes.
  • Escrito en: Verso y prosa
  • Temas: La muerte, la venganza, la honra, la pasión, el odio, la fatalidad, el dolor materno ante la pérdida de sus hijos, la soledad de la mujer sin hombre.
  • Personajes: Ninguno se identifica con un nombre propio, con excepción de Leonardo.
    • Personajes principales:
      • La Madre. Es una mujer fuerte, honrada, dominante, que vive obsesionada por el recuerdo de las muertes de los integrantes de su familia. Manifiesta un fuerte deseo de venganza. Además, muestra temor de perder a su hijo.
      • La Novia. Joven de 22 años. Es víctima de una fuerte pasión hacia Leonardo. Personaje pasivo, desencadena con su huida la tragedia. En la escena del bosque muestra toda su sensualidad. Al final de la obra, acepta el destino, fatum, no se arrepiente y proclama el poder de su pasión contra las convenciones sociales. Identifica honor con virginidad.
      • Leonardo. Campesino pobre y fuerte. Se debate entre el antiguo rechazo de la Novia y la pasión que intentó acallar por orgullo. Ligado al caballo aparece como la fuerza del instinto, sin importarle deberes o responsabilidades. Es independiente, díscolo y seductor con las mujeres.
      • El Novio. Lleva tres años de noviazgo con su Novia, pero parece no conocerla bien. Ignora la vida sentimental anterior de ésta o no le presta mucha importancia. Es frío, cortés y afable. Representa para la Novia la seguridad social y el freno contra su propia inclinación.
    • Personajes secundarios.
      • La Criada. La más cercana a la Novia. Trata de impedir la tragedia. Le reprocha a Leonardo que visite a la Novia.
      • La Mujer. Esposa de Leonardo. Presiente el conflicto y llora al enterarse que el marido visita a la Novia. Es la que descubre la huida de los amantes.
      • El Padre. Sólo ve lo inmediato. Tierras, sembrados y caudal absorben todo su interés. Considera la boda en su aspecto económico y comparte con la Madre el deseo de nietos que son para él más brazos para explotar la tierra.
      • La Suegra. Madre de la esposa de Leonardo.
  • Los símbolos:
    • El cuchillo. Al inicio de la obra, el Novio pide una navaja para cortar uvas. Más adelante, dice la Madre: “No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo”. Luego, se menciona: “La Luna deja un cuchillo abandonado en el aire”, y después: “El aire va llegando duro, con doble filo”. Dice la
    • Mendiga: “Ilumina el chaleco y aparta los botones,/ que después las navajas ya saben el camino”.
    • El caballo. Sirve como presagio de la muerte de los hombres. El caballo y el destino trágico que corta abruptamente la vida a menudo aparecen unidos en la obra. El caballo representa el elemento móvil y obligatoriamente trágico. Leonardo iba por la casa de la Novia llevado por su caballo, el día de la boda los amantes huyen en un caballo, el novio persigue a los prófugos montado en un caballo. Después de la muerte del Novio y Leonardo dice la Mendiga:

    Yo los vi; pronto llegan: dos torrentes
     quietos entre las piedras grandes,
     dos hombres en las patas del caballo.
     Muertos en la hermosura de la noche.

    • El azahar. Símbolo tradicional de la boda. Al tirar la prometida la corona al suelo, asume valor augural. Es un anticipo de su huida. En el acto tercero la Madre dice a la Novia: “¡Floja, delicada, mujer de mal dormir es quien tira una corona de azahar para buscar un pedazo de cama calentado por otra mujer!”
    • La sangre. Significa:
      a) Castidad, reproducción sexual, simiente, unido al tema de la vida. En el canto nupcial aparece la sangre derramada que alude al mismo tiempo a la tragedia y la desfloración:

Porque el novio es un palomo
 con todo el pecho de brasa
 y espera el campo el rumor
 de la sangre derramada.

b) Sangre derramada, muerte, venganza. La Madre, al terminar abruptamente el festejo d ela boda, dice: “Ha llegado otra vez la hora de la sangre”, haciendo referencia a la venganza.
C) Inclinación o ímpetu amoroso o sexual. La sangre contenida es pasión, impulso reprimido. Dicen los leñadores

LEÑADOR 2. -Hay que seguir la inclinación. Han hecho bien en huir.
 LEÑADOR 1. -Se estaban engañando el uno al otro y al fin la sangre pudo más.
 LEÑADOR 3. -¡La sangre!
 LEÑADOR 1. -¡Hay que seguir el camino de la sangre!

Más adelante se dice que si no se sigue la inclinación, la sangre se pudre: “¿Y qué? Más vale ser muerto desangrado que vivo con ella podrida”.

  •  
    • La muerte. Pasa de ser un suceso individual y accidental, a ser un problema de trasfondo mítico y universal. La Muerte se presenta como una Mendiga en el bosque.
    • La Luna. Es un leñador. Signo perturbador, de inminencia ineludible. Es la precursora de la muerte. No es la muerte misma, sino quien elige las víctimas. Su función es de anticipo y concreción de la muerte, al iluminar los chalecos de las víctimas. Tanto el Novio como Leonardo han sido elegidos de antemano; son propiciatoriamente inmolados.
      Si la Luna es hombre, leñador y joven, la muerte es mendiga, vieja, apenas se le ve la cara y está cubierta por paños verdeoscuros.
    • Las Parcas. Están representadas como dos muchachas vestidas de azul oscuro.
      Leñadores, Luna, Mendiga, Muchachas participan de lo mítico y son al mismo tiempo posibles en la realidad cotidiana.

 

  • EL MOTIVO DEL HONOR. Tema de vieja raigambre en el teatro español. En Bodas de sangre, la Novia defiende su concepción de la honra frente al código social. La Madre es la sostenedora del sentido tradicional. Define el matrimonio como: “Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancho para todo lo demás”. La honra de su hijo atiende a la sana prolongación de la estirpe: “Mi hijo es hermoso. No ha conocido mujer. La honra más limpia que una sábana puesta al sol”.
    En el bosque la Novia dibuja distintas imágenes de su deshonra. Sabe que la pasión la ha arrastrado más allá de las convenciones sociales. La Novia rebaja su deseo al del animal en celo:

 Y yo dormiré a tus pies
 para guardar lo que sueñas.
 Desnuda, mirando al campo,
 como si fuera una perra,
 ¡porque eso soy! Que te miro
 y tu hermosura me quema.
La Novia agrega una nueva imagen a su deshonor:
 Llévame de feria en feria,
 dolor de mujer honrada,
 a que las gentes me vean
 con las sábanas de boda
 al aire, como banderas.

Cuando se enfrentan la Madre y la Novia, la primera está aún preocupada por la honra de su hijo, honra que en el concepto tradicional se lava con sangre. A este concepto la Novia opone el suyo en que identifica honra y doncellez. En este deseo de probar su virginidad manifiesta que si bien se dejó arrastrar por la pasión, no mintió, no engañó al Novio.
Para la Madre, la honra de la Novia no tiene importancia frente a su dolor: “¿Qué me importa eso a mí?… ¿Qué me importa a mí tu honradez?”

  •  Argumento

La historia comienza con el diálogo de la madre y su hijo que está próximo a casarse. Esté hijo es llamado el novio, pertenece a una familia adinerada, pero disminuida por la pérdida de sus integrantes, a raíz de las desgracias que se habían suscitado en su familia.

MADRE. Perdóname. (Pausa) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
NOVIO. Tres años. Ya pude comprar la viña.
MADRE. Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
NOVIO. No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quien se casan.
MADRE. Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.
NOVIO. Usted sabe que mi novia es buena.
MADRE. No lo dudo. De todos modos, siento no saber cómo fue su madre.

La madre da su aprobación para el matrimonio, aunque con ciertas dudas. El esposo y el hijo de la madre habían muerto a causa de un enfrentamiento sostenido años atrás con ciertos integrantes de la familia Félix y a la que ella culpaba de todas sus desgracias, manifestando que era una familia de “mala sangre”. Es por ello, que ella quería para su único hijo, una buena esposa con la que pudiera tener muchos hijos, los cuales serían los nietos que alegrarían su vejez.

NOVIO. Me voy. Mañana iré a verla.
MADRE. Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o los que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
NOVIO. El primero para usted.
MADRE. Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila.
NOVIO. Estoy seguro que usted querrá a mi novia.
MADRE. La querré. (Se dirige a besarlo y reacciona). Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer. (Pausa. Aparte). Cuando lo sea.

La madre, conversando con una vecina sobre la boda de su hijo, le pregunta si acaso conocía a la novia y su familia; se entera que antes de comprometerse con su hijo, la novia había tenido un noviazgo de tres años con otro joven llamado Leonardo, con el que terminó su compromiso cuando éste se casó con una prima de ella. Se enteró que ese novio era Leonardo, un integrante de la familia de los Félix, al que odiaba tanto.

VECINA. Tienes razón. Tú hijo vale mucho.
MADRE. Vale. Por eso lo cuido. A mí me habían dicho que la muchacha tuvo novio hace tiempo.
VECINA. Tendría ella quince años. Él se casó hace ya dos años con una prima de ella, por cierto. Nadie se acuerda del noviazgo.
MADRE. ¿Cómo te acuerdas tú?
VECINA. ¡Me haces unas preguntas!…
MADRE. A cada uno le gusta enterarse de lo que le duele.
¿Quién fue el novio?
VECINA. Leonardo.
MADRE. ¿Qué Leonardo?
VECINA. Leonardo el de los Félix.
MADRE. (Levantándose.) ¡De los Félix!
VECINA. Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las cuestiones.
MADRE. Es verdad… Pero oigo eso de Félix y es lo mismo (entre dientes.) Que llenárseme de cieno la boca (Escupe.), y tengo que escupir, tengo que escupir por no matar.
VECINA. Repórtate. ¿Qué sacas con eso?
MADRE. Nada. Pero tú lo comprendes.
VECINA. No te opongas a la felicidad de tu hijo. No le digas nada. Tú estás vieja. Yo, también. A ti y a mí nos toca callar.
MADRE. No le diré nada.

Por otro lado, la esposa de Leonardo sospecha que éste ha estado cabalgando al límite de los llanos, lugar por donde vivía su antigua novia. La esposa le comenta a Leonardo sobre la boda próxima de su prima, con lo que Leonardo se levanta de la mesa y sale fuera de casa.

MUJER. ¿Sabes que piden a mi prima?
LEONARDO. ¿Cuándo?
MUJER. Mañana. La boda será dentro de un mes. Espero que vendrán a invitarnos.
LEONARDO. (Serio.) No sé.
SUEGRA. La madre de él creo no estaba muy satisfecha con el casamiento.
LEONARDO. Y quizá tenga razón. Ella es de cuidado.
MUJER. No me gusta que penséis mal de una buena muchacha.
SUEGRA. Pero cuando dice eso es porque la conoce. ¿No ves que fue tres años novia suya? (Con intención.)
LEONARDO. Pero la dejé. (A su mujer.) ¿Vas a llorar ahora? ¡Quita! (Le aparta bruscamente las manos de la cara.)

La novia vivía en los secanos, tierras de clima cálido y seco, allí vivía sólo con su padre, pues era huérfana de madre. El novio y su madre van a la casa de la novia y acuerdan el día de la boda; la novia no está muy satisfecha. Esa noche la novia escucha el ruido de un caballo y al asomarse a la ventana comprueba que es Leonardo.
Al amanecer del día de la boda, mientras la criada peinaba a la novia, aparece Leonardo para hablarle y recordarle sus amores pasados. Éste desaparece al sentir que un grupo de jóvenes se acercaba a la casa entonando canciones de boda. La novia y los invitados van a la iglesia.

NOVIA. ¿A qué vienes?
LEONARDO. A ver tu casamiento.
NOVIA. ¡También yo vi el tuyo!
LEONARDO. Amarrado por ti, hecho con tus dos manos. A mí me pueden matar, pero no me pueden escupir. Y la plata, que brilla tanto, escupe algunas veces.
NOVIA. ¡Mentira!
LEONARDO. No quiero hablar, porque soy hombre de sangre, y no quiero que todos estos cerros oigan mis voces.
NOVIA. Las mías serían más fuertes.
CRIADA. Estas palabras no pueden seguir. Tú no tienes que hablar de lo pasado. (La CRIADA mira a las puertas presa de inquietud.)
NOVIA. Tienes razón. Yo no debo hablarte siquiera. Pero se me calienta el alma de que vengas a verme y atisbar mi boda y preguntes con intención por el azahar. Vete y espera a tu mujer en la puerta.
LEONARDO. ¿Es que tú y yo no podemos hablar?
CRIADA. (Con rabia.) No; no podéis hablar.
LEONARDO. Después de mi casamiento he pensado noche y día de quién era la culpa, y cada vez que pienso sale una culpa nueva que se come a la otra; pero ¡siempre hay culpa!
NOVIA. Un hombre con su caballo sabe mucho y puede mucho para poder estrujar a una muchacha metida en un desierto. Pero yo tengo orgullo. Por eso me caso. Y me encerraré con mi marido, a quien tengo que querer por encima de todo.
LEONARDO. El orgullo no te servirá de nada. (Se acerca.)
NOVIA. ¡No te acerques!
LEONARDO. Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!
NOVIA. (Temblando.) No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás.
CRIADA. (Cogiendo a LEONARDO por las solapas.) ¡Debes irte ahora mismo!
LEONARDO. Es la última vez que voy a hablar con ella. No temas nada.
NOVIA. Y sé que estoy loca y sé que tengo el pecho podrido de aguantar, y aquí estoy quieta por oírlo, por verlo menear los brazos.
LEONARDO. No me quedo tranquilo si no te digo estas cosas. Yo me casé. Cásate tú ahora.
CRIADA. (A LEONARDO.) ¡Y se casa!
VOCES. (Cantando más cerca.)
 Despierte la novia
 la mañana de la boda.
NOVIA. ¡Despierte la novia!
 (Sale corriendo a su cuarto)
CRIADA. Ya está aquí la gente. (A LEONARDO.) No te vuelvas acercar a ella.
LEONARDO. Descuida. (Sale por la izquierda.)

Después de llevarse a cabo la boda, todos se reúnen en la casa de la novia. En plena fiesta, la novia se retira discretamente, seguida de Leonardo; después de un rato, vuelve la novia con un semblante diferente. La mujer de Leonardo pregunta por él al notar que no se encontraba su caballo.
Mientras tanto, la novia decide subir a su cuarto manifestando tener un dolor de cabeza y negándose a que el novio la acompañe. Después de un rato, llega la mujer de Leonardo gritando que su esposo y la novia habían huido juntos, causando la indignación de los invitados y parientes allí presentes.
El novio, lleno de ira y coraje, pide su caballo y sale en busca de los fugitivos amantes, seguido por dos grupos de gentes que se habían ofrecido para ayudar en la búsqueda.

En el bosque aparece una mendiga que representa la muerte, se encuentra con el novio y le indica donde se encuentran los prófugos.
En otro lugar del bosque, la novia y Leonardo hablan sobre su pasión; el novio llega al lugar y desata una pelea a cuchillo. Mueren Leonardo y el novio, se mataron mutuamente.
La madre se encontraba en su casa, en ese momento llega la novia, con un aspecto triste y lastimero; se acerca a la madre pidiendo compasión y diciendo que nunca engañó a su hijo, pues sí lo quería, pero el amor y la pasión que sentía por Leonardo era más fuerte. La madre la maldice y humilla considerándole culpable de lo sucedido. Al final, llegan la mujer de Leonardo y su madre, avisando que traían los cuerpos de Leonardo y el novio.

NOVIA. (A la vecina.) Déjala; he venido para que me mate y que me lleven con ellos. (A la MADRE). Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos.
MADRE. Calla, calla; ¿qué me importa eso a mí?
NOVIA. ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien! Yo no quería. ¡Tú hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!

 


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